Una nochebuena
Conoc despus del incidente del criado, a una pareja de
nobles franceses de muy buen nombre y la propiedad en la
que vivan como la ma conservaba siglos de historia familiar
y de tradiciones inquebrantables. Cuando Richard y yo
fuimos a la cena en el castillo de los Blancht, estbamos
cansados habamos tenido discusiones profundas acerca
del modo de vida femenino antiguo al mo.
Al llegar al lugar estaba adornado de gladiolos blancos
y amarillos detesto esa flor y empec a predisponerme respecto
a mi opinin sobre los condes. Conocimos a Zirza y a Maurice
Blancht en la noche buena de ese ao, precisamente en una
fecha santa.
Ella era alta y delgada, con unos finsimos lunares adornando
su rostro mostrando el camino de su cuello a su espalda;
sus caderas eran muy anchas a comparacin de las mas, sus
labios eran la contraparte de la Gioconda de Da Vinci: gruesos,
deseables incluso hasta para m. Llevaba el cabello muy
largo acomodado en un peinado sencillo con algunas trenzas.
Maurice, extraamente era todo lo contrario a Richard,
muy alto, el pelo corto; su cuerpo era recto pero se notaban
unos msculos macizos y una fuerza sorprendente.
La cena transcurri con bromas entre Maurice y Richard
con respecto a su opinin sobre m y como consideraba mi
instruccin como algo totalmente intil.
-De que te va a servir un conocer un mundo del que nunca sers
duea, Zirza es educada dentro de los lmites pero eso no
servira sino sabe cocinar un buen cordero-
-De que sirve eso si no puede escoger entre una flor bella
y una terrible- dije algo harta de sus palabras.
-Son sus favoritas- interrumpi Zirza que hasta ese momento
haba permanecido callada- los gladiolos son la flor de
la bienvenida.
Una nevada interrumpi sorpresiva, iba a ser imposible
regresar antes de unos das.
-No se preocupen, pueden quedarse con nosotros hasta que
pase el mal tiempo, enviar un mensajero a comunicarle
a tu padre- dijo amablemente Zirza- estarn cmodos la
habitacin es amplia y se encuentra a un lado de la principal,
yo dorma all cuando era soltera.
-Gracias dije algo desconcertada, en un instante habamos
pasado a manos de unos completos desconocidos.
Regina la criada nos llev la ropa de cama y un poco de t para
el fro encendi la pequea chimenea del dormitorio.
A media noche escuch unos sonidos que me despertaron moderados
al principio pero que se convirtieron en verdaderos a alaridos
que aumentaban el eco del castillo.
Quise acercarme para escuchar mejor pero Richard que dorma
plcidamente a mi lado me detena con uno de sus brazos,
despus me solt, acercndome sigilosa para escuchar
mejor era extrao pensar en Zirza tal como se haba portado
en la cena.
Luego de un rato me dorm. Pero escuch tiempo despus de
golpe el sonido de la puerta y un cierto murmullo entre Richard
y Maurice.
La vi soltar su cabello que llegaba hasta la lnea de sus
nalgas, ya no recuerdo el primer acercamiento, pero mi
lengua y la de ella se encontraban una y otra vez. Hubisemos
podido seguir simplemente besndonos, pero el placer
no poda quedarse en nosotras, ya habra tiempo para eso,
Richard me tom por las caderas y comenz sus embestidas
mientras Zirza montaba a Maurice que gozaba dicindonos
obscenidades.
-Quiero verlas juntas quiero que se unan hasta succionarse-
Me puse encima de ella ofrecindole una vista esplendorosa
de mi coo y de mi culo mientras mi cara pegada al suyo comenz
a trabajar. Mi lengua entraba y sala de su sexo al tiempo
en el que lengeteaba su pequeo cltoris casi imperceptible
e incoloro. El mo se tie de prpura y crece el doble de su
tamao. La escuch gritar cuando haba logrado penetrarla
con cuatro dedos entonces nos separamos besndonos para
probar nuestros propios jugos esto excit a Maurice al
extremo porque tom a Zirza la bes queriendo arrancarle
sus gruesos labios.
Senta un calor profundo, tan sofocante como nunca antes,
lo perciba quemndome las mejillas, el coo, los senos,
mismos que Richard tom en sus manos apretndolos y ofrecindoselos
a Zirza que los bes con deseo.
Entre ella y Richard comenzaron a palmear cada una de mis
nalgas que respondan con chasquidos sonoros, al principio
lo toler pero despus la piel comenz a arderme y aunque
me dola lo gozaba tanto y gritaba quejndome. Maurice
contemplaba la escena dicindonos lascivamente:
-Que bello sonido-
Al cabo de tres noches que transcurrieron en forma creciente
en comparacin a la primera experiencia, Richard y yo debamos
regresar o despertaramos sospechas sobre nuestra conducta.
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